18 febrero 2016
Murcia, jueves, las ocho y media, día azul pero frío. Han bajado las temperaturas “un montón” en toda España. Por las dos Castillas –Soria, Segovia, Ávila, Cuenca, Guadalajara…-, hasta menos trece grados han registrado algunos pueblos. Por la tele vemos nieve en puertos y ciudades, para disfrute de niños y maestros, que se ven obligados a cerrar las escuelas.
Cuando estuve de Maestro en un pueblo de Teruel, allá por los años cincuenta del siglo pasado, cayó tal nevada que “el coche de línea” tuvo que estar detenido allí quince días con los viajeros. En el periódico “Lucha” –no sé si se mantiene en pie-, venía un chascarrillo: “¡Hola, hola!”, saluda el que entra a la casa. “¡No, más olas no, por favor!”, le contestan a coro. Es que solo se hablaba de olas de frío.
Claro que los lugareños tenían sus recursos para no congelarse. No había casa que no tuviera una buena estufa. Cerca del pueblo, a unos dos o tres kilómetros, había minas de carbón, y el de peor calidad –turba y lignito- lo empleaban en ellas.
Cómo me acuerdo de la familia con la que estuve dos años: El tío Adolfo, la tía Emilia y varios hijos: Blas, Adolfo, Julio y Emilia. Otros ya casados vivían fuera.
Francisco Tomás Ortuño
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