martes, 8 de diciembre de 2015

Rincón Poético. ¡Qué feria más bonica!

¡Qué feria más bonica
Tiene mi pueblo!
¡Cuántas familias suyas
Vuelven de nuevo!

Con lágrimas llorando
Y un nudo dentro,
Qué de fuertes abrazos,
Con sus recuerdos.

¡Qué feria tan bonica
Tiene mi pueblo!;
Mejor si no tuvieran
Que irse de nuevo!


F.T.Ortuño

FUGAS mortales. PLAGAS.

Cuenta la historia que un fuego devastador acabó con las ciudades de Sodoma y Gomorra. Como antes las aguas de un Diluvio con casi la humanidad. El agua y el fuego fueron los instrumentos para limpiar la Tierra de vicios y rebeldías.
El nuevo castigo fue más original. Los hombres toparon con la muerte más absurda que pueda imaginarse. Costaba trabajo creer que seres humanos, racionales, cayeran en semejante trampa, creada por ellos mismos.
¡Qué horror ¿Te imaginas la ciudad de Sodoma tras el fuego? ¿Te imaginas la Tierra tras el Diluvio? Niños, mujeres y ancianos contorsionados por el miedo, ojos desencajados, rostros lívidos y arañados por la desesperación y el llanto. Pues algo parecido era aquí, en este nuevo castigo de los cielos.
Hombres y mujeres, sentados en los asientos de sus coches –coches grandes, pequeños, altos, bajos, anchos, estrechos-, que parecían tumbas de cristal, miraban fijamente adelante. El hecho fue que los coches fueron llenando poco a poco las calles y plazas, hasta que no pudieron moverse. Quedaron presos, encajados unos en otros.
La respiración fue haciéndose difícil y llegó lentamente, pero sin pausa, el fin de todos. La noticia se extendió. Cundió para aviso de incautos que pudieran perecer de igual manera.

Francisco Tomás Ortuño

Rincón poético. Diálogo con el Señor.

 Yo quisiera ser un mago
Y fundir la raza humana
Para extirpar su pecado.

¡Cómo el mundo cambiaría
Si la sombra del Demonio
Se esfumara de la vida!

¿Por qué dejaste, Señor,
Que el hombre se rebelara
Y que naciera el dolor?

No lo comprendo, Señor,
Para qué eran necesarias
Tu Muerte y Resurrección,

Si no hubieras permitido
Que el mundo que habías creado
Se viera así destruido.

II

Mas, pensándolo mejor,
¿Qué podía merecer
Si no ponía nada yo?

¿Para qué mi libertad
Si todo lo hacías Tú
Y yo no podía pecar?

La misma lucha que libro
Con el Mal que nos dejaste,
Es prueba de Amor divino:

Que si he de ganar el Cielo,
Es justo que lo consiga
Con mi constancia y esfuerzo.

Sí, tu Calvario, Señor,
Se llena ya de sentido,
Tu Muerte y Resurrección,

Tus Azotes, tu Pasión,
Que antes no comprendía,
Se confunden con tu Amor.


F.T.Ortuño

Fugas terrenales. El enfermo.

¿Es grave? ¿No es grave? Esa era la cuestión. Los síntomas empezaban a preocupar. Nadie hablaba abiertamente de la enfermedad, pero todos pensaban en qué ocurriría si se agravaba el enfermo. Porque su aspecto era sumamente preocupante.
Llegó un momento en que el silencio se rompió. A una, todos estallaron: ¡¡Basta!! Fue la palabra mágica que les hizo tomar una decisión. Entonces deliberaron sobre quién sería el galeno más indicado para esta clase de mal. Según opiniones bien fundadas, solo había dos o tres sabios que podían atajar la enfermedad.
Uno residía en Japón; otro en Nueva Zelanda; el tercero en Canadá. A los tres se acudió sin pérdida de tiempo. Tres comisiones emprendieron viaje a estos tres puntos de la Tierra para exponer el estado en que se encontraba el enfermo.
Los tres sabios escucharon con atención, los tres sonrieron misteriosamente, y los tres pidieron tres días para ofrecer su diagnóstico. Los tres, tan distantes, coincidieron en todo. Los emisarios cuando se vieron comprobaron que hasta en los más pequeños detalles. Lo cual les satisfizo.
El remedio consistía en un largo reposo, en un descanso prolongado. Cuando se esperaban curas difíciles, intervenciones complicadas, se limitaron a escuchar reposo. El enfermo necesitaba descanso. Coincidieron también en que no era fácil aplicar el remedio, pero por su bien, había que tomar medidas muy severas.
Había que parar las guerras; había que cerrar fábricas que contaminaran el aire; que suprimir vertidos al mar que atentaran contra la vida de los peces; había que cambiar los vehículos a otras energías que no tuvieran tubos de escape. Y de esa forma, con severas revisiones periódicas, el enfermo Planeta se recuperaría.


Francisco Tomás Ortuño

Rincón Poético. Nuestra vida es un combate.

Nuestra vida es un combate,
Un combate colosal;
empieza cuando se nace
y acaba cuando le place
a la corte celestial.


F.T.Ortuño

FUGAS navideñas.

-Hemos entrado en la recta final, Baldomero Ya se ve la Navidad.
-Dirás que se toca, que se huele, que se oye, Jaime, porque verse, hasta con luces de colores, ya tiempo que se está viendo. Los comercios van a la carrera a ver quién da primero. La competencia es brutal.
-Ahora han inventado lo del “blackfriday” o viernes negro, con las rebajas, y la gente cae en la trampa como moscas en un panal de rica miel: Colas para entrar y empujones para ser primeros.
-¡Hola, Antonia!
-No me hables, que van a abrir.
-¿Qué vas a comprar?
-Lo que vea primero, Luisa, que a estos precios…
-Yo pensaba que las rebajas eran después de Reyes para vender lo que había quedado.
-Ca, eso era mucho esperar: El blackfriday es un anticipo.
-O sea, que estamos en Navidad, como quien dice.
-Como quien dice o no dice. Se hace lo que conviene y santas pascuas. ¿No ves lo que pasa en Cataluña? Manda uno, por narices, sin tener en cuenta al Presidente de la Nación. “Lo digo yo y ni el Tribunal Constitucional me para”.
-¿Viste el Debate anoche? ¡Qué espectáculo! Esto no es lo que yo creía que era la Democracia. Resulta que con sumas y restas puede mandar el que menos votos tiene. Así más que Democracia es un cachondeo. Se juntan siete perdedores y desbancan al ganador. Que no, que no, que esto no es serio, Baldomero.


Francisco Tomás Ortuño

viernes, 4 de diciembre de 2015

Rincón Poético. No le des vueltas.

No le des vueltas:
El instinto materno
Se les despierta.
Mujeres hay sin hijos,
Que cuidan animales
Como si fueran niños.

Entre sus brazos,
Le dan los alimentos
Con mil abrazos.

Tras el aseo,
Los besan tiernamente,
Los llevan de paseo.

Y por la noche,
Con mimos los acuestan
En edredones.

No le des vueltas:
El instinto materno
Se les despierta.


F.T.Ortuño