martes, 8 de diciembre de 2015

FUGAS mortales. PLAGAS.

Cuenta la historia que un fuego devastador acabó con las ciudades de Sodoma y Gomorra. Como antes las aguas de un Diluvio con casi la humanidad. El agua y el fuego fueron los instrumentos para limpiar la Tierra de vicios y rebeldías.
El nuevo castigo fue más original. Los hombres toparon con la muerte más absurda que pueda imaginarse. Costaba trabajo creer que seres humanos, racionales, cayeran en semejante trampa, creada por ellos mismos.
¡Qué horror ¿Te imaginas la ciudad de Sodoma tras el fuego? ¿Te imaginas la Tierra tras el Diluvio? Niños, mujeres y ancianos contorsionados por el miedo, ojos desencajados, rostros lívidos y arañados por la desesperación y el llanto. Pues algo parecido era aquí, en este nuevo castigo de los cielos.
Hombres y mujeres, sentados en los asientos de sus coches –coches grandes, pequeños, altos, bajos, anchos, estrechos-, que parecían tumbas de cristal, miraban fijamente adelante. El hecho fue que los coches fueron llenando poco a poco las calles y plazas, hasta que no pudieron moverse. Quedaron presos, encajados unos en otros.
La respiración fue haciéndose difícil y llegó lentamente, pero sin pausa, el fin de todos. La noticia se extendió. Cundió para aviso de incautos que pudieran perecer de igual manera.

Francisco Tomás Ortuño

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