Andaba preocupado con las Noticias de las carreteras, Zoilo, y escribí un Cuento. ¿Conoces lo que pasó en Sodoma? Dios se cansó de tantas infidelidades, que mandó un fuego devastador donde murieron casi todos sus habitantes. ¿Y el Diluvio Universal? Mandó a Noé que construyera un Arca muy grande para él, su familia y una pareja de animales de cada especie. Llovió tanto que el Arca flotaba sobre las aguas sin nada fuera de ella que se salvara.
Y yo he pensado que ocurría algo parecido con los coches. Había tantos circulando que no pudieron seguir con el atasco que se formó. No solo no podían circular sino que no podían abrir las portezuelas, y allí fue Troya: murieron Sansón y los filisteos en nichos de cristal en forma de coches. Cada conductor veía alarmado e impotente, cómo iban muriendo sus vecinos por asfixia.
Yo, Zoilo, haría una red de cartreteras por encima de los edificios, y así no molestaban a los peatones. Fuera de los pueblos y ciudades que siguieran las autopistas, con limitaciones de velocidad; pero dentro, que fueran por el aire. ¿No hay metros que van por debajo? Igual para los coches por encima. Yo no creo que fuera tan difícil hoy construir carreteras por encima de las casas para que trenes y coches circularan por ellas y no se mezclaran con niños que van al Colegio, con mayores que van de compras o simplemente a pasear. Una vez se lo dije a mi hijo, que es Ingeniero de Caminos, y me dijo que lo estudiaría.
Francisco Tomás Ortuño
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