Lo paso bien conmigo. Somos amigos entrañables. Voy a aclarar conceptos, porque dicho así, sin más, puede parecer un galimatías sin sentido. Digo que lo paso bien conmigo –yo, conmigo-; entonces es que somos dos en mí, yo y otro.
Si yo lo pasa bien conmigo es que un yo y otro yo no son uno mismo, yendo los dos en mí. Lo que uno dice resulta divertido a otro que escucha. Uno habla y otro escucha. O los dos dialogan.
Cuando hablo con otra persona es sumamente difícil y complejo un buen entendimiento. Pues si ya es complicado hablar uno consigo mismo, aumenta cuando son varios los que hablan. Pongamos un ejemplo:
Julián:
Yo primero: Buenos días, doña Benita, qué elegante va usted.
Yo segundo: No es para tanto.
Yo primero: Hay que ser amables.
Yo segundo: Qué contenta se ha puesto.
Yo primero: He dicho solo la verdad.
Yo segundo: Cortemos, galanteador.
Doña Benita:
Yo primero: Hola, Julián; ¿cómo están tus padres?
Yo segundo: Se está quedando calvo.
Yo primero: Qué atento siempre este hombre.
Yo segundo: Para compensar su fealdad-
Yo primero: ¿Y él qué se merece?
Yo segundo: Deja que siga su camino, por favor.
Contigo llevas a un compañero que te corrige unas veces, otras discute y hasta aprueba tus acciones. Entra en tu mundo interior, pues, y trata de descubrirlo. Todos lo llevamos con nosotros y es fácil de encontrar.
Francisco Tomás Ortuño
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