domingo, 22 de noviembre de 2015

FUGAS del paraíso.

        Santana, las seis de la tarde, en el comedor. Ya casi noche fuera, Julián. El invierno se nos ha colado, como decía ayer. Es un tiempo poco estable: igual hace frío que calor, calor que frío. Como queda un mes de Otoño, tiene ramalazos de un Verano que se fue y de un Invierno que no ha llegado.

-Como los adolescentes, Heriberto, que no son ya niños ni todavía adultos para tomar decisiones por su cuenta. Están a punto de soltarse de la tutela paterna, pero no es conveniente  que lo hagan todavía. Momentos difíciles en la vida de las personas.

Yo comparo las tardes otoñales, inseguras, con el sueño que se llama “duermevela”, Julián: entre dos aguas, que pisa la raya sin pasarla o la pasa un pelín y vuelve atrás. Una vez escribí una Poesía sobre esta fase del sueño, que dice:
-Estoy en duermevela:
-a veces dentro,
–a veces fuera.

-Estoy como jugando:
-ahora entro,
-ahora salgo.

-No es como en la muerte,
-que una vez dentro
–ya no se vuelve.

-¿A qué habéis venido este “finde” a Santana, Heriberto?
-A coger la aceituna de unos olivos que nos quedaron, Julián. Acabada la faena, la llevamos a la almazara del "Prao". Y mañana, con un aparato que compramos en Murcia, echaremos un herbicida que seca ipso facto las hierbas que crecen con la lluvia. Como últimamente ha llovido bastante, las eras parecen una selva tropical.
-Veo que os buscáis trabajos con los que estar distraídos.
-¿Qué es la vida, Julián, que buscarse ocupaciones para no estar mano sobre mano. Pobre del que no hace nada. Mejor los emigrantes que llegan en pateras buscando trabajo; por lo menos tienen fe en alcanzar una meta. Tenerlo todo es la situación menos envidiable humanamente hablando. Hasta pienso que Adán y Eva no podían vivir peor y pactaron con el demonio para que los sacara de su triste situación.

Francisco Tomás Ortuño

sábado, 21 de noviembre de 2015

Rincón Poético. Los primeros amores.

Los primeros amores
Son los auténticos,
Son los mejores,
Los más eléctricos.

Un alma enamorada,
Como un botijo,
El gusto guarda
Del primer líquido.

Ir de segundas
Es arriesgado:
Los primeros amores
Serán sagrados.

F.T.Ortuño

FUGAS terrenales.

Murcia, la una y media. Trescientos veintitrés días pasados ya del año, Ernesto, y solo cuarenta y dos por pasar.
-¡Aún cuarenta y dos, Nicomedes! Depende de cómo se juzgue. Y no empecemos con los pesimistas y optimistas, que te veo venir.
-Te iba a decir que hay dos maneras de medir el tiempo: la del vaso medio lleno y la del vaso medio vacío. Sí, sí, la del que está contento de que termine el año y la del que no quiere que acabe.
-Pero se tienen lo mismo deseando que temiendo. El tiempo, indiferente, lleva su paso, y a nosotros, que vamos montados, no nos tiene en cuenta. No dice: “Vamos a descansar media hora para beber o desbeber”, como hacen los autobuses nuestros en viajes largos.
-Nuestros autobuses miran por los viajeros, pero ese monstruo que llamamos Tierra, planeta o paquidermo, ni sabe que vamos con él. ¿A él qué le importamos? ¿Acaso deja de arrojar fuego por los volcanes si ve que nos hace daño?, ¿o deja de moverse en los terremotos si ve que nos aplasta?
-¿Sabes lo que creo, Ernesto, que la Tierra no está conforme con que Dios creara al hombre.
-Mira ahora por dónde me sale. ¿Por qué no había de estar conforme, Nicomedes? ¿Qué más le dará a ella que nosotros vivamos o que dejemos de vivir?
-Como sabes, la Tierra estaba ya en el mundo cuando vino el hombre. Si antes vivía tan feliz tomando el sol y dando vueltas plácidamente sin nadie que la molestara, y luego el hombre hizo ruidos, construyó puentes, perforó montañas, destruyó bosques, contaminó ríos, creó armas de fuego y hasta estuvo a punto de acabar con la atmósfera, ¿no tenía motivos de quejarse?

Segundo tiempo. Son las cinco de la tarde. En la sobremesa vi “Saber y ganar” entre sueño y sueño. Luego llegaron “Grandes documentales”. Vi animales salvajes buscando comida en otros animales más pequeños: guepardos, papiones, impalas, hienas, cebras, chacales, manadas de elefantes… Al final, un antílope acuático hace huir a la carrera a un guepardo mientras que depredadores carroñeros vigilan desde el aire.

Francisco Tomás Ortuño

viernes, 20 de noviembre de 2015

Rincón Poético. Al toro le abren la puerta.

Rincón Poético

Al toro le abren la puerta
Y sale al ruedo brincando
Creyendo que va a una fiesta;
Mas pronto, ay, se da cuenta
De que la fiesta es matarlo.


F.T.Ortuño

FUGAS disfrazadas.

El viento aúlla, ruge, ulula, brama, por entre los pinos. Se aplican estos verbos en sentido figurado, ya que quien aúlla es el perro; quien ulula, el lobo; quien ruge, el león; y quien brama, el toro. Aplicamos al viento acciones propias de otros seres. Esta figura se llama prosopopeya, Leandro, que consiste en atribuir a las cosas inanimadas acciones propias de los seres animados. El viento silba por el monte, decimos. ¿Cómo va a silbar el viento? En todo caso, al rozar el aire con los árboles y las casas, produce un sonido parecido al silbo. El tren tampoco silba, aunque emita un sonido largo y prolongado. En el lenguaje utilizamos mucho la prosopopeya o personificación.
-¿Has dicho la onomatopeya, Casimiro?
-¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino? Onomatopeya es otra cosa. Luego te lo explico.
El viejo sauce gime de tristeza porque los niños ya no juegan a su sombra, es otra personificación. Te acompaño acciones que aplicamos a distintos animales: la mosca, zumba; el mono, chilla; el ciervo, brama; el cerdo, gruñe; la cigarra, carraca; el elefante, barrita; el conejo, chilla; el cocodrilo, llora; la abeja, zumba; la oveja, bala; la gallina, cacarea; la golondrina, trisa; el grillo, grilla; la cotorra, habla; el gato, maúlla; la cigüeña, castañetea; el asno, rebuzna; la perdiz, piñonea; el murciélago, chirría…  

Francisco Tomás Ortuño

jueves, 19 de noviembre de 2015

Rincón Poético. Observe este detalle.

Observe este detalle,
Querido don Ramón:
Para entenderse dos,
Preciso es que uno calle.


F.T.Ortuño

FUGAS históricas 19 noviembre 2015

Murcia, las once, en mi estudio o camarín. Cielo azul pero algo fresco el ambiente. Baja la temperatura. El calor de estos días pasados o “veranillo de San Martín”, se fue a no sé dónde y dejó lo que es más propio de noviembre. De la playa nadie se acuerda ya, y sí de la ropa de abrigo. Mamá viene de la calle con un jersey en sus manos: “Mira lo que te he comprado”, me dice. Y me pide que me lo ponga. Lo cierto es que el cuerpo lo agradece.

Ayer mandé mi “Fuga” cotidiana sobre emperadores romanos que perseguían a los cristianos. Y derivaba en que hoy, más o menos, es lo mismo: Los yijadistas siguen la labor de aquellos terroristas romanos, que se divertían con los cristianos en los anfiteatros viéndolos morir –otra forma de matar-. Y de aquí, no sé por dónde, me colé para decir que se debía revisar la Historia y limpiarla, como se hace con las casas, de lo que no sirva y estorbe más que aproveche.

¿Para qué los niños, o mayores, tienen que saber fechas que no sirve recordar, nombres de reyes que no aportaron algo, hechos que fueron superados con el tiempo…? La Ciencia crece y crece y llegará un momento en que las cabezas no aguantarán su peso. Y la pregunta es: ¿No vendría bien una poda como se hace con los árboles? ¿No sería conveniente una limpieza en profundidad?

Y esa superlimpieza que llegara a la Lengua para suprimir palabras repetidas. Si algo es “indigno”, ¿para qué infame, innoble, desgraciado, perverso, malvado, abyecto, vil, ruin o humillante? Si tenemos “guardar”, ¿para qué cuidar, vigilar, custodiar, velar, atender, proteger, defender, amparar, prevenir o evitar?

Francisco Tomás Ortuño