Santana, las seis de la tarde, en el comedor. Ya casi noche fuera, Julián. El invierno se nos ha colado, como decía ayer. Es un tiempo poco estable: igual hace frío que calor, calor que frío. Como queda un mes de Otoño, tiene ramalazos de un Verano que se fue y de un Invierno que no ha llegado.
-Como los adolescentes, Heriberto, que no son ya niños ni todavía adultos para tomar decisiones por su cuenta. Están a punto de soltarse de la tutela paterna, pero no es conveniente que lo hagan todavía. Momentos difíciles en la vida de las personas.
Yo comparo las tardes otoñales, inseguras, con el sueño que se llama “duermevela”, Julián: entre dos aguas, que pisa la raya sin pasarla o la pasa un pelín y vuelve atrás. Una vez escribí una Poesía sobre esta fase del sueño, que dice:
-Estoy en duermevela:
-a veces dentro,
–a veces fuera.
-Estoy como jugando:
-ahora entro,
-ahora salgo.
-No es como en la muerte,
-que una vez dentro
–ya no se vuelve.
-¿A qué habéis venido este “finde” a Santana, Heriberto?
-A coger la aceituna de unos olivos que nos quedaron, Julián. Acabada la faena, la llevamos a la almazara del "Prao". Y mañana, con un aparato que compramos en Murcia, echaremos un herbicida que seca ipso facto las hierbas que crecen con la lluvia. Como últimamente ha llovido bastante, las eras parecen una selva tropical.
-Veo que os buscáis trabajos con los que estar distraídos.
-¿Qué es la vida, Julián, que buscarse ocupaciones para no estar mano sobre mano. Pobre del que no hace nada. Mejor los emigrantes que llegan en pateras buscando trabajo; por lo menos tienen fe en alcanzar una meta. Tenerlo todo es la situación menos envidiable humanamente hablando. Hasta pienso que Adán y Eva no podían vivir peor y pactaron con el demonio para que los sacara de su triste situación.
Francisco Tomás Ortuño
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