domingo, 15 de noviembre de 2015

FUGAS políticas

      San Josafat. Este santo, que vivió en los siglos XVI y XVII, como Cervantes, fue arzobispo y canonizado por el Papa Pío IX. Nació en Ucrania de padres ortodoxos y trabajó mucho por la unidad de la Iglesia.
-Bien, bien, Acisclo, pero pisando tierra, ¿no cuentas lo que ha pasado en Cataluña?
-¿Te refieres al descalabro de Mas en el Congreso?
-¿A qué si no? Es la noticia del día.
-Pues ya lo has dicho tú, Avelino: Votaron los diputados, contaron los votos, y hubo más noes que sies. Y por tanto el Presidente Mas deja de ser Presidente. Que quiere decir que pierden los “separatistas” como yo me quedé sin abuela y se van a sus casas con un palmo de narices como en los cuentos y mañana será otro día.
-¿Y tanto ruido para esto, Acisclo? Por el trabajo, le podían conceder un gobierno pequeñito, de una aldea por ejemplo, y que allí se entretuviera el hombre mandando a un rebaño de ovejas.
-La Política, Avelino, es una enfermedad. Si te pica la mosca o el gusano, que no se sabe bien lo que es, ya no puedes vivir sin ella. La sangre se convierte en otra y te hierve como cuando se toma una droga. No puedes ya dejar de ser político. Y a Mas y a unos cuantos amigos debió de picarles en alguna reunión asamblearia y ya no oían otras razones. “¿Cómo pensáis salir de España si como en España no se vive en ningún sitio?”. Y ellos decían por lo bajo: “Nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino; nosotros a lo nuestro, que es la independencia de Cataluña”. “¿No veis que habéis jurado la Constitución, que os exige seguir unidos a los demás españoles?”. Y Mas y los suyos que nones, que ellos eran de otro país. Hasta que tuvieron que tomar en serio sus gritos y encerrarlos como a niños que patalean porque no les dan la luna.
Un médico, por suerte para ellos, conoció la enfermedad y expuso en el Congreso, que fue seguido por la Comunidad Europea, la teoría del cambio de personalidad que se opera cuando “el gusanillo” o “la mosca”, que esto está por saberse, te pica y te transforma en otra persona. “Ellos no son culpables”, dijo con rotundidad. “Para ellos los locos son los demás, los que se oponen a sus deseos: la razón la tienen ellos”.
Y así lo comprendieron. No emplearon la fuerza para reducirlos y convencerlos. Emplearon métodos suasorios, persuasivos, especiales para esta enfermedad.


Francisco Tomás Ortuño

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