Que cada persona es un mundo lo tengo claro. Ya en Betania, cerca de Jerusalén, María la piadosa era feliz oyendo a Jesús, y su hermana Marta la recrimina. Son dos concepciones de la vida que perduran con el tiempo. El Maestro alaba la actitud de María, pero Santa Teresa luego dirá: “¿Y quién preparaba la comida?”. Una es feliz en la pura contemplación y otra con el ruido mundanal. Y las dos pueden ser buenas. “¡Miserable!”, dice el sabio, y el Rey dice: “¡Miserable!”. Ni María hubiera sido tan feliz apartándose del amigo de su hermano Lázaro por atender la casa, ni Marta mano sobre mano, arrobada con la palabra de Jesús.
Francisco Tomás Ortuño
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