viernes, 20 de noviembre de 2015

FUGAS disfrazadas.

El viento aúlla, ruge, ulula, brama, por entre los pinos. Se aplican estos verbos en sentido figurado, ya que quien aúlla es el perro; quien ulula, el lobo; quien ruge, el león; y quien brama, el toro. Aplicamos al viento acciones propias de otros seres. Esta figura se llama prosopopeya, Leandro, que consiste en atribuir a las cosas inanimadas acciones propias de los seres animados. El viento silba por el monte, decimos. ¿Cómo va a silbar el viento? En todo caso, al rozar el aire con los árboles y las casas, produce un sonido parecido al silbo. El tren tampoco silba, aunque emita un sonido largo y prolongado. En el lenguaje utilizamos mucho la prosopopeya o personificación.
-¿Has dicho la onomatopeya, Casimiro?
-¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino? Onomatopeya es otra cosa. Luego te lo explico.
El viejo sauce gime de tristeza porque los niños ya no juegan a su sombra, es otra personificación. Te acompaño acciones que aplicamos a distintos animales: la mosca, zumba; el mono, chilla; el ciervo, brama; el cerdo, gruñe; la cigarra, carraca; el elefante, barrita; el conejo, chilla; el cocodrilo, llora; la abeja, zumba; la oveja, bala; la gallina, cacarea; la golondrina, trisa; el grillo, grilla; la cotorra, habla; el gato, maúlla; la cigüeña, castañetea; el asno, rebuzna; la perdiz, piñonea; el murciélago, chirría…  

Francisco Tomás Ortuño

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