No sé por qué, mis pasos me llevaron
Temprano, muy despacio, al cementerio;
Como un autómata, me iba acercando
A la morada muda de los muertos.
Debí de dirigirme por un algo,
Por más que no llegara a comprenderlo,
Que el hombre, siempre, cuando actúa,
Hace por algo lo que se halle haciendo.
Leía no hace mucho, no sé dónde,
Las cosas que impresionan al cerebro;
Decía que dejaban honda huella
Las cosas que nos hablan de los muertos,
Como producen fuertes impresiones
Historias que llamamos de misterio.
Llevado de mi repentino impulso,
Delante de una tumba ya me encuentro.
Los ojos de mi rostro se despiertan,
Agítase la sangre de mi cuerpo,
Recorro con la vista el camposanto
Sumido en el más lúgubre silencio.
Aquí yacen los restos de personas
Que tanto amamos siempre y que se fueron
A vivir otra vida eternamente,
Como nosotros luego nos iremos.
F.T.Ortuño
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