martes, 10 de noviembre de 2015

Fugas otoñales.

Santana la Bella, las cinco de la tarde, en el comedor. Decíamos ayer, como Fray Luis de León con frase afortunada, que hoy estaríamos por estos lares recogiendo oliva. Y así ha sido. ¡Vaya mañana que nos hemos dado mamá, Lina y un servidor!
Mi libro de Agricultura, que estudié en el bachillerato, de Domingo Abellán, tapas verdes por más señas, decía que había dos formas de coger la oliva: a ordeño y a vareo. Por la tele estos días he visto cómo se recoge de este modo: Ponen mantas en el suelo y la aceituna como lágrimas va cayendo del árbol a golpes de vara; vamos, como latigazos a reos que castigaban para sacarles una verdad. ¡Pobres oliveras!
El sistema de ordeño es más suave: como las ubres de una vaca, las oliveras te ofrecen puñados de olivas en cada caricia. Es lo que hacemos nosotros; luego repasamos y por último recogemos la del suelo. Mañana la llevamos a la almazara del “Prao” y nos pagan su peso en bidones de aceite. Y fin de temporada aceitunera. Y a empezar de nuevo la próxima campaña.
A mamá le encanta atender estas faenas que pide el olivar para culminar, como hoy, con la recogida: abonos, riegos, sulfatos, polvos contra el gusano dormilón, etc. El olivo es como un niño, que necesita de cuidados para crecer bien. Y hasta hay quien dice que agradece los piropos para desarrollarse mejor. ¿Quién dijo que hablaba con una higuera y esta daba los mejores higos del contorno?
Creo que te lo dije: yo pondría en el olivar un techo de tela metálica fina por si una nube envidiosa ordenaba: “¡Fuego a discreción!”, cuando estuviera de coger. ¿Qué se va haciendo con las vides para que no sean pasto de las iras de una nube perversa? ¿Qué son los viveros sino casas preventivas contra los elementos?
A un gato no le des razones para que no se coma el pescado que dejas a su alcance; no se lo pongas y punto. A un niño no le expliques que el enchufe es peligroso o mortal; quítaselo de su alcance. A un árbol frutal no le digas que una nube puede descargar granizo cuando menos se lo espere; pon los medios necesarios para que la nube no le haga daño.


Francisco Tomás Ortuño

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