lunes, 12 de octubre de 2015

Cáterin.

11 octubre 2015

Santana, las doce, en la jaula. Día fenomenal pero nublado. Mónica y colegas suyas se empecinan en que va a llover. Las campanas del convento llaman a Misa. Sus sones no vienen reptando como culebras, que vienen por el aire como los pájaros.

Francis llegó primero. Luego vendrán Miguel y Páscual. Celebramos el santo de los Franciscos. Nos juntaremos a la mesa dieciocho. Hoy estrenamos modalidad: se llama “Cáterin”. Es ya lo último en servir comidas: sin moverte de tu casa, te ponen la mesa, luego te la quitan, y tú sin mover un dedo.

-¿No ibais a la Estacada unas veces y otras al restaurante Pío XII?
-Eso habíamos pensado hacer hoy, pero el uno por bodas y el otro por vacaciones, no se ha podido. Y, como sabes, cuando aprieta el zapato buscas la solución.
-¿Qué zapato ni qué ocho cuartos?
-Quiero decir que si una puerta se cierra, otra se abre; pero para eso tienes que buscar, que las cosas no vienen solas. Y preguntando, preguntando, supimos del Cáterin.
-¿En qué consiste ese Cáterin, Norberto?
-Tú le dices: “Queremos comer treinta personas, a las dos, en la puerta de mi casa, en la cuesta del Roalico, junto al depósito del agua”. Y al otro lado del teléfono, te preguntan: “¿Qué quieren comer?”, y tú le pides lo que deseas: “Una paella con mariscos, cerveza, vino, cocacolas, postre y café”. Y ya no quieras saber más. Con tiempo vienen a preparar la mesa con platos y cubiertos y tú a comer. Cuando has terminado la faena, te sacudes la ropa por si te queda pegado algún arroz, y ellos te dejan el sitio como estaba. Es cómodo, ¿verdad? La gente en la Era del móvil y el internet vive de otra forma, ¿o es que te crees que solo cambian las comunicaciones? Los cambios llegan a todo.


Francisco Tomás Ortuño

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