Murcia, las diez, en mi atalaya. Hoy “los del tiempo” no han acertado: dijeron que llovería y luce el sol.
-¿No te lo dije, Ruperto? Mejor que estuvieran callados. A mí me da igual, que me da lo mismo, que llueva o que no llueva, pero piensa que los hoteles, los fines de semana, esperan a los clientes como agua de mayo. ¿Qué gusto les puede dar que espanten a la parroquia? Ante la duda, podían decir que va a hacer bueno.
-Maldonado, en vísperas de fiesta, solía decir: “¡Buen tiempo a la vista!”, y no quería saber más. Dejó el oficio porque padecía de miedo escénico ante las cámaras, y podía sufrir un infarto.
-Hubo otro antes, Mariano Medina, que lloraba: “Una borrasca se acerca por las Azores”, y gimoteaba como si fuera culpa suya.
-A mi mujer le gusta este espacio; seguro que hay muchos que lo siguen como ella.
-No cambies de canal –me dice.
-¿Es que ahora te gusta el fútbol?
-No, pero detrás viene el tiempo.
Aunque lo viera a mediodía, quiere verlo otra vez.
-¿No lo has visto ya dos veces?
-Da lo mismo, con esta tres.
Francisco Tomás Ortuño
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