Por el Pilar, me tropecé ayer con mi amigo Paco. Cuando se llevó la mano al bolsillo, sabía que era para darme un papel. “¡Eres un crack, tocayo!”, le dije. Y se sonrió. “A ver si conoces a alguno”, me dijo, y me largó su Poesía: “Tertulianos del bar Paco de Paula”. “Es Paco de Paula, Bar, -lo mejor de mi Sagasta; -toda la gente que va –es fina y con mucha pasta…”. Y así, en cuartetas, va mencionando a los amigos contertulios Maxi, don Diego, Luis, Rafael, Carlitos, don Antonio, Fernando, Manuel, Antonio el Piti, Andrés… Luego añade: Música de Clavelitos. Murcia, octubre 2015.
A mi amigo Paco Soler le ocurre lo que a mí: jubilado, se entretiene con sus escritos. Pero como no maneja el ordenador, emplea otro método para llegar a los amigos: hace veinte o treinta copias y las reparte a mano. Me recuerda a un “representante” de mi pueblo que visitaba las tiendas haciendo notas de artículos que les faltaba: azafrán, azúcar, chocolate…. Ambos se quedaron en el siglo XX. “¿Cómo no escribes con el ordenador?, le pregunto. “Yo no cambio; sigo como antes”, me responde. Igual hacía mi padre con las cuentas cuando llegaron las calculadoras. No ven que el tiempo no se detiene porque uno cierre los ojos; que hemos de seguir con las nuevas técnicas de los hijos y los nietos, aunque nos cueste, hasta que el Señor quiera llamarnos.
Francisco Tomás Ortuño
No hay comentarios:
Publicar un comentario