Escuchar la radio por la mañana, cuando te despiertas, aún encamado, es de lo más gratificante –ayer, por mi santo, me regalaron una- Creo que la prensa tiene en la radio un enemigo peligroso. ¿Qué más cómodo que darle a un botón y escuchar lo que ocurre fuera, hasta en el extranjero? ¿Habrá algo más de agradecer que un ejército de periodistas trabaje durante la noche para tenerte informado por la mañana, antes de salir de casa?
Francisco Tomás Ortuño
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