-Yo dejaba la bici para ir por la ciudad, Salustio, y los coches para los viajes interurbanos.
-No estaría mal, Lucano, la bici no contamina, gasta menos y no es peligrosa.
-¿Tú sabes que la bici la inventó un francés en el siglo XVIII?
-Ni has dicho el año ni quién la inventó.
-Fue De Sivrac el año 1790.
-Así queda mejor.
-Este señor por lo visto fue un genio de la locomoción. Pasaría días y noches pensando cómo moverse sobre ruedas sin mover los pies. ¡Eureka!, diría al fin cuando viera que su idea era posible. Una mañana se levantó con fiebre y pensó en la bicicleta.
-¿Y por qué tenía que levantarse con fiebre, Salustio?
-Ya la tenemos otra vez, Lucano, a todo le pones peros.
-Y de la bici al coche, que va con cuatro ruedas y es más seguro, ¿no?
-Bueno, por partes: lo de más seguro no estoy de acuerdo, y en segundo lugar has de saber que el automóvil precedió a la bicicleta: en 1680 ya hay en Inglaterra un coche movido por un escape de vapor, debido a Newton, del que te hablé el otro día. Isaac Newton, el de la manzana y la gravedad, que nació en 1643, se dedicó desde muy joven a las Matemáticas y a la Física que, por cierto, se llamaba entonces Filosofía Natural.
-Vale, vale, no te des tanto pisto con la bici y el automóvil.
-Es que desde que se inventó la rueda, el hombre ha buscado soluciones prácticas para su uso.
-¿Y quién inventó la rueda?
-Ah, ¿quieres que siga? Debió de conocerse muy pronto. Ya Homero, el gran poeta griego, autor de la Iliada, habla de la rueda de los alfareros.
-Bueno, bueno, vale he dicho y no quieras que me las trague como ruedas de molino
Francisco Tomás Ortuño
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