viernes, 16 de octubre de 2015

Fugas de mi molino. Museos.

        Con mi visita, ayer, al Museo “Jerónimo Molina” de Jumilla, recordé las tumbas egipcias donde reposaban los faraones. ¡Con cuánto cuidado las preparaban en vida para dormir después una eternidad!
Para que nadie luego los molestara, estudiaban la forma de despistar a los posibles perseguidores con entradas falsas, pasillos laberínticos y lugares ocultos. Con todo, las tumbas con sus tesoros eran encontradas, profanadas y saqueadas.
Tutankamón fue uno de aquellos reyes que prepararon su tumba con tanto amor y cuidado, que hubieron de pasar 3272 años hasta que dieran con ella. Murió este faraón, tras nueve de reinado, en 1350 a.C., y su tumba, en el alto Egipto, cerca del Nilo, a unos setecientos kilómetros del Mediterráneo., en el Valle de los Reyes, fue hallada en 1922 de nuestra era.
El tesoro que encontraron sus descubridores –Carter y Carnarvon- era colosal, pero tuvieron que trabajar incansablemente sobre una superficie de 20 por 13 metros hasta dar con la cámara funeraria y el tesoro que guardaba, después de recorrer escaleras, pasadizos, antecámaras y puertas selladas.

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