lunes, 19 de octubre de 2015

Fugas atrevidas.

-Ayer felicité a mi nieto Miguel Ángel, que cumplía años.
-Luego fuimos a ver a mi cuñada; y como estaba allí mi sobrino Paco, lo felicité también. Hubo, pues, felicitación doble.
-¿También cumplía años tu sobrino?
-También. El mismo día que su abuela Lina.
-¡Qué casualidad, nacer el nieto y el sobrino el mismo día que la abuela y bisabuela, respectivamente, con tantos días que tiene el año. ¿Es que se heredarán o transmitirán estos fenómenos natalicios?
-Misterios sin resolver, Julián, pero que están ahí.
-¿Y cómo está tu cuñada?
-Mejorando lentamente. Como asustada. Volviendo poco a poco a la normalidad.
-Es un misterio el cerebro humano, Emilio.
-En la Revista “Selecciones” de este mes hay un artículo sobre la materia, que se titula: ”La magia de nuestro cerebro”. Y cuenta lo que saben hoy los estudiosos. Quieren explicar por qué nos comportamos como lo hacemos ante las críticas; cuando nos enamoramos; en los sueños; cuando escuchamos música; cuando meditamos, y en otras situaciones. Creo, Julián, que va llegando la hora de que, por acoso y derribo, nos revele su misterio, tanto tiempo guardado. Sus cien mil millones de neuronas, “una masa de células que se agitan”, como dice Christof Koch, experto en neurociencia, tendrán que rendirse,
-Pero ¿cómo piensa el hombre y no lo hacen los demás animales?
-Hay un salto mágico cuando su actividad se convierte en amor o en ira. Habla de tres zonas que han nacido con el tiempo en su desarrollo.
-¿Será quizás que los animales no han sobrepasado la primera etapa, que busca solo lo elemental como el sexo y la comida? ¿Quiere decirse que a la vuelta de millones de años podrán pensar como nosotros los gatos, los perros y las hormigas?
-Dejemos que el cerebro siga evolucionando, pero al paso que lo hace me temo que los que vivimos hoy no lo veremos.

Francisco Tomás Ortuño


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